
Arno Penzias,
físico nacido en Munich en 1933, trabajaba con Robert Wilson en los
Laboratorios Bell en 1964, experimentando con una antena de 6 metros,
supersensible, destinada a detectar ondas de radio reflejadas por sondas.
Para medir estas
ondas de radio era necesario suprimir cualquier tipo de interferencias que
pudieran producirse en el entorno de la antena.
Consiguieron
eliminar los efectos de radares y de emisoras de radio. Incluso suprimieron las
interferencias producidas por la propia antena, enfriándola con helio líquido a
-269º C (4º Kelvin), muy próximo al cero absoluto.
Después de todas esas precauciones, seguían
detectando una fuente de ruido que no podían explicar. Inicialmente pensaron
que eran pájaros que se habían instalado en la antena o que era otro tipo de
suciedad de la misma. A pesar de limpiarla cuidadosamente y de afinar la
recepción, el ruido persistía. Era un ruido que persistía día y noche y
que procedía de todos lados, cualquiera que fuera el lugar del cielo hacia
donde orientaran la antena.
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